El Pacto Histórico propone el mecanismo para hacer control político al Gobierno del abogado de ultraderecha
ColombiaDespués de cuatro años en el Gobierno, la izquierda colombiana se prepara para pasar a la oposición tan pronto se posesione como presidente Abelardo de la Espriella, el próximo 7 de agosto. El bloque progresista afina sus estrategias para resistir la temida embestida del abogado de ultraderecha. El senador Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico que perdió por un estrecho margen la segunda vuelta, invoca una desobediencia civil pacífica, mientras que el presidente Gustavo Petro –que insiste en hablar sin pruebas de un fraude electoral– asumirá la jefatura del partido después de dejar el poder. Con esos dos liderazgos en el horizonte, el Pacto Histórico también se propone crear un “gabinete alternativo” –o en la sombra– para mejorar el control político al próximo Ejecutivo. Toda una novedad en la política colombiana, con muchos detalles aún por aterrizar.
Esa decisión se justifica en el propósito de fortalecer la acción política, proyectar su vocación de Gobierno y orientar la construcción de una alternativa democrática para el país, señaló el Pacto Histórico en el comunicado en que la hizo pública. Una comisión de directivos y congresistas del partido, detalló, será la encargada de “promover la organización y puesta en marcha del Gabinete Alternativo como instancia permanente de seguimiento, análisis, formulación programática y control político”. Ni Petro ni Cepeda han hecho grandes referencias a esa idea.
La figura de un gabinete en la sombra, alternativo o paralelo al del Gobierno, es inédita en Colombia. El principal ejemplo viene del “shadow cabinet” de Gran Bretaña, donde la oposición –la Leal Oposición de su Majestad, en los términos más formales– escoge a un grupo de parlamentarios para ser portavoces de distintas áreas. Sus integrantes constituyen un equipo alternativo al del Ejecutivo, en el que cada uno de sus miembros vigila una cartera y es portavoz de ese sector. También se reúnen cada semana, a semejanza de un Consejo de Ministros. La cadena británica BBC lo explica como una “marca personal”, en una analogía de los deportes de equipo, en la que cada miembro del gabinete en la sombra vigila y fiscaliza a cada ministro –con las particularidades de un sistema parlamentario–.
“Lo del gabinete en la sombra despierta muchas fantasías en Colombia”, dice el analista Yann Basset al recordar que es una idea que ha sido mencionada en otros momentos, pero no pertenece a la cultura del presidencialismo y nunca se ha traducido en nada concreto. “Es una institución muy británica, porque en el sistema parlamentario en cualquier momento puede caer el primer ministro y puede subir al poder la oposición, incluso sin elección. Entonces, la oposición tiene que estar lista para sustituir al Gobierno”, apunta el profesor de la Universidad del Rosario, en Bogotá. El sistema presidencial no opera así, “el presidente está para cuatro años y punto”, explica. “Ahora, puede ser una buena estrategia de hacer oposición, sería interesante si el Pacto Histórico lo logra”, matiza. Se necesita en todo caso –advierte– disciplina, organización y un liderazgo de oposición muy claro que nunca se ha dado en la historia reciente del país.
La democracia ha dado un salto en Colombia con el ascenso de la izquierda, celebra por su parte el analista León Valencia, uno de los primeros en promover la idea de un gabinete alternativo. “Si hubiese ganado Iván Cepeda la Presidencia habría aprovechado la experiencia de Petro con sus errores y aciertos para hacer un mejor Gobierno, pero ganó De la Espriella y el progresismo hará una oposición de mayor calidad y consistencia y más constructiva que la realizada por la derecha”, vaticina en su lectura. “Esas cosas elevan o favorecen mucho la democracia, porque les exigen a los otros que cada medida que toman, cada discurso que echan, tenga cierta calidad”, apunta el director de la Fundación Pares.
“Es una idea que empezamos a plantear distintas personas al interior del Pacto, e inclusive por fuera del Pacto”, relata a este periódico María José Pizarro, que acaba de terminar su periodo como senadora y fue la jefa de debate de la campaña de Iván Cepeda. Es una “conversación” en marcha sobre cómo debería ser el ejercicio de la oposición del partido en los próximos cuatro años, más allá de la bancada parlamentaria o desde posiciones meramente reactivas de los liderazgos políticos, explica. “Se trata de hacer una oposición que tenga una vocación muy técnica, muy sólida, que nos permita hacerle seguimiento a la política pública que se implementó durante este Gobierno y a la que, por supuesto, ya está proponiendo el entrante, de defender los avances en las transformaciones”, agrega.
Con liderazgos ya formados al interior del Gobierno, un partido unitario y sectores democráticos y progresistas que se reúnen en la Alianza por la Vida, la coalición electoral que respaldaba a Cepeda, ha surgido esa reflexión sobre cómo ejercer una oposición “inteligente, cualificada y especializada cartera por cartera”, explica Pizarro, copresidenta del Pacto Histórico. Contar con esas vocerías políticas cualificadas permite una reacción técnica a lo que va sucediendo y una respuesta rápida a las decisiones que vaya tomando el Gobierno, defiende. “Tenemos una mirada que hemos podido probar con éxito en materia económica, de transición energética, en cada uno de los sectores de este país. Ese espacio tiene que sustentarse en datos verificables y una conexión directa con la ciudadanía”, sostiene.
La política británica no es el único ejemplo que están estudiando, pues ese caso se ajusta a un régimen parlamentario que es distinto al presidencialismo colombiano, concede la dirigente del Pacto. Invoca el ejercicio de oposición robusto que se realizó en Brasil en los tiempos de Jair Bolsonaro –y que después permitió el regreso al poder de Luiz Inácio Lula da Silva–, o también la oposición que ejerció en México Andrés Manuel López Obrador antes de alcanzar la Presidencia.
Todavía hay muchos detalles por definir. Para empezar, de dónde saldrían los miembros de ese gabinete alternativo, si serían solo del Pacto Histórico o también de los aliados que conformaron la Alianza por la Vida, que incluía a los partidos Alianza Verde, En Marcha y disidentes del liberalismo, entre otras fuerzas políticas. “Es una conversación, no es algo que esté saldado”, reitera Pizarro al defender que debe ser un ejercicio incluyente. “Es una oposición que tiene que hacerse de manera muy distinta a como se hizo en el pasado, cuando no habíamos sido Gobierno. Eso implica integrar voces, experiencias y conocimientos”.
EL PAÍS