AMÉRICA LATINA EN DISPUTA
América LatinaDurante su visita a Río de Janeiro, la vicepresidenta del Partido Socialista Ecuatoriano, Elsa Guerra, advierte sobre los avances autocráticos y la crisis en la región.
En una entrevista concedida al periodista Luiz Carlos Prestes Filho, la líder socialista y académica Elsa Guerra aborda la fragilidad de las constituciones sudamericanas, la injerencia de Estados Unidos y la urgencia de una profunda autocrítica en el ámbito de la izquierda.
RÍO DE JANEIRO — La visita a Río de Janeiro de la abogada, docente universitaria y vicepresidenta del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), Elsa Guerra, trae consigo un duro diagnóstico sobre el momento político que atraviesan los países de América Latina. Invitada al V Encuentro de la Red de Mujeres Constitucionalistas de América Latina, celebrado en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la dirigente concedió una entrevista exclusiva al periodista Luiz Carlos Prestes Filho, en la que analizó los límites del constitucionalismo moderno, las nuevas formas de autocracia en el continente y los desafíos de la izquierda regional.
Para Guerra, quien inició su trayectoria en la militancia política a los 17 años, la actividad académica y la participación en los partidos progresistas deben ser inseparables de la lucha contra las estructuras patriarcales, capitalistas, coloniales y racistas.
Elsa advierte que la mera existencia de textos constitucionales avanzados, como la Constitución brasileña de 1988 o la ecuatoriana de 2008, ha dejado de ser una garantía suficiente frente a los abusos del poder.
Consultada sobre la eficacia de los marcos constitucionales establecidos tras las dictaduras militares de las décadas de 1970 y 1980 en América Latina, Elsa Guerra fue enfática al declarar que las constituciones democráticas «no son suficientes, aunque siguen siendo necesarias».
Según la jurista, las constituciones suelen surgir como respuestas morales a momentos de profunda crisis social, con el propósito de reorganizar el Estado y establecer pactos de derechos, como ocurrió con el carácter pionero de Ecuador al reconocer los Derechos de la Naturaleza frente al extractivismo depredador de las empresas transnacionales.
El problema surge cuando los gobiernos utilizan el aparato estatal para vulnerar su propio ordenamiento jurídico.
Elsa afirma: «Tenemos en Ecuador un gobierno que representa una autocracia; estamos avanzando hacia una dictadura. A pesar de contar con una Constitución garantista, esta resulta insuficiente frente a un presidente que la pisotea y promulga un sinnúmero de leyes inconstitucionales».
Prestes Filho preguntó sobre el hecho histórico de que regímenes autoritarios —como la Alemania nazi en la década de 1930— articularan sus acciones dentro de marcos legales. Guerra recurrió a las teorías críticas y a la sociología de Pierre Bourdieu para explicar que el Derecho nunca ha sido neutral ni universal, sino que refleja la correlación de fuerzas de cada época.
La dirigente recordó que, en Ecuador, la figura de la «potestad marital», que sometía jurídicamente a las mujeres y sus bienes al dominio de sus maridos, estuvo vigente hasta la década de 1960. «El Derecho fue y sigue siendo instrumentalizado por el poder hegemónico, pero debe continuar siendo un espacio ocupado por la resistencia de los pueblos originarios, las mujeres y los jóvenes», sostuvo Elsa.
Al analizar el panorama regional y la reciente ola de victorias de la extrema derecha en diversos países sudamericanos, la vicepresidenta del PSE rechazó la tesis de que este movimiento sea producto del azar. Para ella, existe una estrategia geopolítica diseñada desde Estados Unidos, en articulación con sectores económicos conservadores a escala mundial, destinada a debilitar la soberanía de los países latinoamericanos.
Según explicó, la narrativa utilizada se apoya en promesas de cooperación contra el crimen organizado y el narcotráfico, mediante las cuales se intercambian garantías de seguridad por la entrega de recursos naturales y la pérdida de autonomía política.
Sin embargo, la dirigente sostuvo que la respuesta a este avance reaccionario exige examinar rigurosamente los errores del propio campo progresista. Esto implica reconocer que algunos sectores de la izquierda se vieron involucrados en escándalos de corrupción y dejaron de responder a las demandas esenciales de las poblaciones más empobrecidas.
Existe una necesidad urgente de formar liderazgos incorruptibles, capaces de repolitizar la sociedad y de concentrar sus esfuerzos en soluciones para erradicar el hambre, combatir el desempleo y la violencia urbana, y promover la pacificación social.
Al cumplir 100 años de historia, el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE) conserva el legado de haber surgido como una «tercera vía» frente a la polarización entre liberales y conservadores durante el siglo XX. Impulsó el primer Código del Trabajo de Ecuador y la creación de la Casa de la Cultura. A pesar de esta tradición, la estructura del partido enfrenta actualmente las consecuencias de la grave inestabilidad política del país. En la actualidad, el PSE cuenta con 17 alcaldes y más de 30 representantes entre concejales y prefectos provinciales.
En la Asamblea Nacional, que funciona bajo un sistema unicameral, la organización política cuenta con un solo representante, reflejo de la intensa polarización que marcó las últimas elecciones, agravada por el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio.
A pesar de las restricciones y de la presión ejercida por el gobierno de Daniel Noboa, Guerra destacó que el PSE continúa abriendo espacios para alianzas progresistas y candidaturas comunitarias.
Para la líder política, la lucha democrática en Brasil y en el resto de América Latina sigue representando una «semilla de esperanza», indispensable para mantener en alto la bandera de la resistencia en el continente.
Luiz Carlos Prestes Filho Río de Janeiro, 20 de octubre de 2026.
