BLOG

«El pueblo soy yo»: 18 ideas para entender el populismo ultra

América Latina

Claudi Pérez

En Contra el fascismo, Umberto Eco describe las características de lo que él denomina «fascismo eterno», y que hoy encarna el populismo ultra. La ultraderecha hoy, de Cas Mudde, recuerda que no es un fenómeno nuevo, sino la cuarta ola populista desde la posguerra; nos debería pillar más que confesados.

Pierre Rosanvallon asegura en El siglo del populismo que los ultras han revolucionado la política del siglo XXI, pero «aún no hemos comprendido del todo la transformación que eso implica», con esa facilidad para conectar con la gente a través de soluciones simples (y equivocadas) a problemas endiabladamente complejos: la paradoja consiste en que las sociedades fragmentadas buscan certezas, y quienes se las proporcionan son los más mentirosos. «Los malos han comprendido algo que los buenos no saben»: ese es Woody Allen viéndolo tal y como es.

Me gusta Jan-Werner Müller (¿Qué es el populismo?) porque va directo al meollo: «El populista es el borracho de la fiesta, no tiene modales pero dice la verdad», o su verdad.

Máriam Martínez-Bascuñán asegura en El fin del mundo común, de la mano de Hannah Arendt, que la trampa consiste en diseminar posverdades para erosionar el mundo común y desgarrar el tejido democrático, que parecía una malla resistente pero ha resultado ser una suerte de frágil velo que se rasga con inusitada facilidad.

John Gray nos hace removernos en la silla cuando recuerda que la ultraderecha está repolitizando todo aquello que el consenso centrista había declarado demasiado importante como para dejarlo dentro de la elección democrática, desde los tipos de interés que fijan los banqueros centrales a puerta cerrada hasta el aumento del gasto en defensa que deciden un puñado de ministros en la impenetrable sede de la OTAN.

Ahí van docena y media de ideas sobre ese puzle político que no termina de encajar pero lo tiene todo patas arriba.

Una: populismo es culto a la tradición. Spam político. Diletantismo organizado. Puro fracking político, un bazar de simplicidades que confunde a un adversario con un enemigo del pueblo. Para todo problema complejo tiene una respuesta clara, simple — y falsa —. Y es, por naturaleza, hostil a la pluralidad intrínseca de la democracia.

Dos: es también adoración a la tecnología para ahorrarse al intermediario. Irracionalismo, rechazo de la Ilustración y viva la libertad, carajo. Los populistas forman parte de una especie de Internacional reaccionaria y tienen ingentes recursos financieros, con el apoyo de un buen puñado de plutócratas. Pagan generosamente por sus favores, pero ya veremos hacia dónde evoluciona su alianza con los tecnoligarcas.

Musk ha ido de la mano de Trump y después ha abrazado a Farage, a AfD, a Milei, a Bolsonaro, a Bukele. Pero ya se ha emancipado, al menos a medias, de Trump: los piratas tecnológicos solo son fieles a la bandera con las dos tibias y la calavera.

La internacional ultra es pura fuerza bruta, engaño y disrupción caótica, y ha tenido un aliado en los magnates de las plataformas, pero cuando la IA sea lo suficientemente fuerte también puede tener la tentación de dejarles de lado.

Primero amaron a Davos, y Silicon Valley era tirando a progre. Se fueron derechizando. Luego abrazaron a los extremos. Pero el fin último de las grandes tecnológicas no es la política. ¿Qué harán los populistas cuando descubran el engaño, además de ladrar?

Tres: su leitmotiv es la acción por la acción; pensar es una forma de castración, la duda es sospechosa, la cultura es aún más sospechosa. «Muera la inteligencia». «Muera el bando de los matices». «Muera la equidistancia». No les gusta la tibieza: les gusta el conflicto, generar incertidumbre, rozar el caos con la punta de los dedos.

Equidistante es un insulto tan terrible como el mejor de los de Cervantes: «cuesco de dátil». Woke, derechita cobarde, feminazi, nazionalista, filoetarra, la lista es interminable. Charnego y botifler también se dicen mucho entre los populistas indepes. Lo decían incluso antes de ser populistas. Y antes de ser indepes.

Cuatro: los ultras rechazan el espíritu crítico. «A la menor duda, ninguna duda más» era el lema del fundador del Movimiento Cinco Estrellas. En casa, los desacuerdos son alta traición; cualquier diferencia con el líder es altísima traición. La democracia es una aldea Potemkin, pero la democracia interna dentro del partido es un chiste.

Cinco: hay que explotar el miedo a la diferencia. Son racistas por definición.

Seis: buscan a su público en las clases medias frustradas por la crisis o la humillación política. Y evolucionan para pescar cada vez más votos en los caladeros de la clase obrera: «Dos millones de desempleados más son dos millones de inmigrantes más», decía Jean-Marie Le Pen hace unos años; eso jamás se lo escucharán a su sucesora, Marine Le Pen, mucho más lista y por lo tanto más peligrosa.

Siete: son etnonacionalistas, son antielitistas, pero sobre todo son antipluralistas.

Ocho: están obsesionados con las conspiraciones, siempre con el objetivo de aliñarse un buen enemigo, casi siempre con un estilo paranoide, muy a la americana.

Nueve: tienen complejo de Armagedón, están obsesionados con el conflicto permanente, con la guerra eterna. «La culpa es de los extranjeros» (Trump, Le Pen, Orbán); «La culpa es de los españoles» (Junts, ERC, en ocasiones Bildu); «La culpa es de los catalanes» (Vox, a veces — solo a veces — el PP). La culpa, siempre y en todo lugar, es del otro.

Diez: a menudo son machistas, homófobos y partidarios de un extraño culto al heroísmo pecholobo.

Once: sus líderes son capaces de interpretar «la voluntad común del pueblo», con una neolengua que suele buscar el descoyuntamiento de lo político y lo ideológico, y eso les hace inmunes a la refutación empírica y al fact checking.

El «pueblo real» y la «mayoría silenciosa» siempre quieren lo que ellos dicen, y punto. «El pueblo soy yo». Imponen la verdad política, una sola narrativa, una sola versión de los hechos, la que mejor les sostenga en el trono.

El populista no debate la historia: la dicta. Y si hace falta olisquea los sondeos para adaptarse al fluir de la sociedad: las ideas dan igual, las contradicciones dan completamente igual, lo único que importa es mandar.

La prensa engaña, las instituciones conspiran, los ojos fallan y los hechos se vuelven líquidos. Hasta el punto de que se pone a llover en la investidura de Trump, pero el presidente electo dice con rotundidad: «No está lloviendo». Y directamente, alehop, la gente cierra sus paraguas.

Doce: tienden a la falsificación deliberada de la verdad, y eso suele esconder un propósito de dominación.

Trece: buscan colonizar el Estado (funcionarios, policía, jueces, servicios secretos) si hace falta con clientelismo de masas. Haider, el ultra austriaco, se hizo famoso repartiendo billetes de cien euros.

Catorce: cuando gobiernan son aún más clientelistas, son corruptos, se dedican a la supresión de la sociedad civil crítica y tarde o temprano provocan conflictos institucionales de gran calibre.

Hay quien cree que para evitarlo son imprescindibles los cordones sanitarios. Hay quien cree que no, que esos cordones solo les hacen crecer porque les permiten ir siempre a la contra: en los países escandinavos y en los Países Bajos han entrado en los Gobiernos y han sufrido cierta erosión.

Tengo mis dudas, pero me decanto por la necesidad del cordón sanitario. La otra posibilidad es un «cuanto peor, mejor».

Quince: parte de su éxito surge de las promesas incumplidas de la democracia, de su falta de eficacia. Quieren ser imanes para los descontentos sin partido, y hay una definición del mundo actual que es exactamente esa: un descontento sin partido.

Y son puro horror vacui de la política: okupan los espacios que dejan los partidos tradicionales. La política, dice Daniel Innerarity, se adentra en una zona de señalización insuficiente: donde antes había evidencias ahora hay paradojas, y los populistas están cómodos en ellas con sus recetas facilonas y simplificadoras, aunque sean más falsas que un billete de tres euros.

Dieciséis: son una amenaza para las instituciones pero saben utilizarlas a su favor: no les verán desdeñar las subvenciones públicas cuando las reciben, por mucho que critiquen «las paguitas» de los demás.

En el fondo hay que involucrarlos en el debate público para combatirlos; no hay que excluirlos, porque se crecen, pero tampoco correr tras ellos.

Diecisiete: su tendencia al drama — con el estilo lingüístico de los tabloides amarillistas — persigue justificar el estado de excepción permanente propio de las posdemocracias, de las cada vez más habituales democracias de fachada.

Pero son un espejismo basado en una idea del inevitable Carl Schmitt, que dejó escrito en letras de bronce que la política es la capacidad de definir el estado de excepción.

Y dieciocho: les gustan los referéndums, esas hojas de parra de las democracias que suelen esconder dejación de responsabilidades, para reafirmar que las banderas que ellos elijen son «la voluntad del pueblo». Ay, Cataluña.

Claudi Pérez (Reus, 1972) es corresponsal internacional de EL PAÍS, tras haber sido corresponsal en Bruselas, redactor jefe de política nacional y director adjunto del diario. Este texto es un extracto de Las invasiones bárbaras (Debate), que se publica el 4 de junio.

EL PAÍS

Últimos do Blog
Noticias

Gobierno de Bolivia entregará títulos de tierra a campesinos

Más
Noticias

Colombia. Los cinco precandidatos presidenciales que ya tiene el Pacto Histórico para 2022

Más
Noticias

Nito Cortizo aseguró que en su administración no se han realizado escuchas ilegales

Más
Noticias

Enrique Sánchez está enfocado en refundar el Partido Febrerista

Más
Noticias

PRI y PRD pierden más del 70% de su militancia

Más
Noticias

Legislativo de Ecuador instala mesa sobre demandada ley de educación

Más
Noticias

Castillo nombra a primer ministro de izquierda en Perú y deja pendiente al de Economía

Más
Noticias

Argentina passa a considerar cuidado materno como trabalho e garante direito à aposentadoria de 155 mil mulheres

Más
Noticias

PRD pide a ciudadanos no participar en la consulta popular del 1 de agosto

Más
Noticias

Bolsonaro emprende nueva reforma ministerial para sumar apoyos en el Congreso

Más
Noticias

La hora de Pedro Castillo

Más
Noticias

Colombia Humana, UP y MAIS se declararon en oposición a Claudia López

Más
Noticias

Proyectos que ha realizado la alcaldía de Claudia López

Más
Noticias

Presidente del partido de izquierdas uruguayo deja su cargo y llama a unión

Más
Noticias

Mónica Fein será precandidata a diputada nacional y enfrentará a la lista de Pablo Javkin

Más
Noticias

Narváez marca primeras diferencias con candidatura de Provoste: “La realidad que hemos visto, es que es una reacción a las encuestas”

Más
Noticias

Presidente del PS, Álvaro Elizalde, asegura que Narváez no bajará su candidatura en favor de Yasna Provoste

Más
Noticias

Nicaragua: el régimen continúa con la persecución a opositores y Ortega aseguró que “no hay espacio para la negociación”

Más
Noticias

Colas para hacerse con un hueso de carne: el hambre se dispara en Brasil

Más
Noticias

Sí Por México llama a PAN, PRI y PRD a buscar candidato de unidad para las elecciones de 2024

Más
Noticias

Pedro Castillo teje una red de apoyos para gobernar Perú en un escenario adverso

Más
Noticias

La Policía investiga a Bolsonaro por supuesta prevaricación en la pandemia

Más
Noticias

Gustavo Petro brasileño está cansado de que lo culpen de todo en Twitter

Más
Noticias

Claudia López acusa a Petro de ‘incendiar a Colombia’

Más
Noticias

Ex-ministro da Defesa da Bolívia planejou segundo golpe usando mercenários dos EUA

Más
Noticias

Cuba logra la primera vacuna latinoamericana con datos de efectividad al nivel de Pfizer y Moderna

Más
Noticias

Presentan en Ecuador propuesta para ley de aborto por violación

Más
América Latina

«El pueblo soy yo»: 18 ideas para entender el populismo ultra

Más
América Latina

Por qué Iván Cepeda denuncia que el gobierno de Ecuador interfirió en las elecciones de Colombia

Más
América Latina

Perú: un país artificialmente polarizado

Más