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AMLO y su tempestuoso fin de sexenio

México

Por Manuel Aguilar Mora

Iniciada en diciembre la recta final de su gobierno, para AMLO (Andrés Manuel López Obrador) todas las señales anuncian que presidirá en estos últimos dos años tiempos aún más tempestuosos que los anteriores.

Ciertamente este gobierno se ha distinguido por sus hechos turbulentos pero los vertiginosos acontecimientos de los últimos meses anuncian un fin de sexenio aún más tenso y de fuertes confrontaciones. Sólo la mención de las dos colosales manifestaciones de noviembre, la primera del 13 y la segunda del 27 con su carácter claramente antagónico bastan para hacer estas conclusiones.

La manifestación opositora

Diversos cálculos consideran que el 13 de noviembre salieron a las calles en todo el país, en decenas de ciudades, alrededor de un millón de mexicanos y mexicanas, con una cúspide que fue la concentración-marcha en una de las principales avenidas de la Ciudad de México cuyos cálculos de participantes van entre 300 mil y medio millón de manifestantes. El fin único perseguido de estas movilizaciones era protestar contra el intento de AMLO de hacer una reforma constitucional a la ley electoral que norma el Instituto Nacional Electoral (INE) con el evidente objetivo de volver a los métodos electorales imperantes durante décadas en el priato. Es decir, tal y como lo dijo el único orador del mitin realizado en la concentración de la capital de la República José Woldenberg, los miles de ciudadanos y ciudadanas se manifestaban contra el intento del gobierno obradorista de revivir hoy el mecanismo que permitiría el control directo del gobierno del mencionado órgano electoral. O sea una clara oposición al regreso al pasado de las prácticas de un régimen de partido único de facto, meta implícita en las maniobras obradoristas.

Estas manifestaciones fueron alimentadas por supuesto por los enfrentamientos constantes entre el obradorismo y la oposición burguesa, constituyendo una de las pugnas centrales interparlamentarias. Pugnas interburguesas, pues. Pero su convocatoria no la hicieron directa o centralmente ni el PRI, ni el PAN, para no mencionar al PRD que se encuentra en plena agonía. La situación de esta oposición oficial no está en su mejor hora. Fue la convocatoria de una red de grupos y asociaciones civiles, integrados básicamente en los sectores medios principalmente de las grandes ciudades, que en la Ciudad de México son muy amplios y ya se han declarado claramente contra el obradorismo como se demostró en las elecciones del año pasado en que éste último perdió la mitad de las alcaldías de la misma.

La reacción de AMLO no se dejó esperar. Al día siguiente en su plática mañanera despotricó iracundo largo y tendido contra sus opositores “conservadores, racistas, corruptazos, cretinos, clasistas,hipócritas, aspiracionistas” que habían realizado un”strip tease político” (sic). Pero tuvo que admitir que su plan A se malograba y debía recurrir a un plan B en el cual sólo podría realizar cambios menores pues, por ejemplo el PRI que había declarado considerar votar con los obradoristas en la mencionada reforma constitucional, se apresuró a declarar que de ninguna manera lo haría.

Sin embargo, AMLO decidió considerar como un reto las movilizaciones opositoras y de inmediato reaccionó convocando a su propia manifestación de Estado para el 27 de noviembre, la cual se realizó para mostrar a todos su propia convocatoria masiva. En efecto, un mar de personas marcharon durante más de cinco horas por las mismas avenidas de la Ciudad de México. El cálculo de los que marcharon fue diferente desde el de Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la capital de la República que declaró que habían sido un millón doscientos mil y otros menos ostentosos. Lo extraño fue que en el mitin final, quienes se quedaron para oír el discurso final de hora y media de AMLO en la plaza del Zócalo fueron muchísimos menos. Para él este discurso era central ya que disertó entre muchas cosas sobre su nueva doctrina, el llamado humanismo mexicano.

La manifestación obradorista

El 27 de noviembre un caudal de alrededor de un millón de personas ingresaron a la Ciudad de México para participar en la contramarcha convocada, organizada y financiada por el gobierno obradorista para demostrar su músculo y su capacidad como supremos movilizadores de masas en México. Para los adherentes y seguidores obradoristas que todavía son muchísimos, fue una demostración de fuerza para que su líder máximo se sienta acuerpado y apoyado para lo que resta de su gobierno y bien pertrechado para la campaña electoral de la sucesión presidencial de 2024, en la cual ya hacen y harán todo para garantizar la victoria de su sucesor o sucesora.

A diferencia de la manifestación del 13 de noviembre, la obradorista fue integrada abrumadoramente por participantes venidos de los estados y sólo una minoría calculada en 300 mil personas por algunos periodistas provenían de misma Ciudad de México. Esta característica marcó su naturaleza, una operación operada desde lo alto del poder con un gasto enorme de recursos. Recursos necesarios para transportar a cerca de un millón de ciudadanos de todos los estados por los caminos de la República. Se utilizaron miles de autobuses, cuyo número osciló según diversas fuentes desde 2 mil a más de 15 mil, para la transportación de la mayoría de los manifestantes. Muchos recibieron un viático equivalente a una media de 750 pesos por persona, se le pagaron sus hospedajes y con los demás gastos menores la suma total llega a cerca de los 1900 millones de pesos (cerca de 100 millones de dólares). (Según uno de los periodistas enterados de lo que sucede en el Palacio Nacional, Darío Celis, “La Cuarta Transformación”, El Financiero Bloomberg, 28.10.2022.) Así para unos fue la apoteosis del caudillo acuerpado y blindado por una multitud mayor a la reunida quince días antes por los opositores y para otros fue la marcha de los ardidos, la marcha del ego, la marcha del acarreo, la marcha de la venganza, la marcha de la vaselina, y demás motes que se acumulen, con un costo de casi 2 mil millones de pesos.

Polarización sociopolítica

La polarización social ya muy evidente desde antes salió a las calles. El gobierno obradorista se encuentra en una situación plena de contradicciones. Aunque AMLO sigue teniendo un amplio margen de popularidad, en la práctica su gobierno deja mucho que desear. Tantas promesas no cumplidas, tantas mentiras cotidianas son un lastre que en la medida que la polarización se desarrolle pesarán incluso en la popularidad del presidente. Vienen días y tiempos de grandes debates, polémicas y como lo han anunciado las manifestaciones de noviembre de confrontaciones callejeras.

Hasta hoy el lastre de las medidas antipopulares logradas por AMLO debido a su control del Congreso no ha mermado por completo su popularidad pero las manifestaciones del 13 de noviembre en oposición a su propuesta de remodelar de arriba abajo al órgano electoral para controlarlo directamente ha sido una muestra extraordinaria que los tiempos están cambiando. La manifestación organizada desde el poder el 27 de noviembre no añadió mucho a la situación pues sólo mostró lo que ya era evidente, hay una capa social muy amplia que sigue apoyando a AMLO, en especial en los estados en donde sólo hace poco Morena irrumpió como la fuerza dominante. Sin embargo, lo anterior se equilibra con el hecho de que en las grandes ciudades, empezando por la capital de la República, seguida por Monterrey, Guadalajara, Tijuana, Chihuahua, Ciudad Juárez y otras el apoyo obradorista ha ido perdiendo fuerza y aliento.

Los días previos a las manifestaciones mencionadas, el gobierno obradorista se vio inmerso en una serie de cuestiones que pesarán en los próximos tiempos cruciales de las campañas electorales, las de 2023 para la gubernatura del estado de México el más populoso y las de 2024 para la presidencia de la República.

Hay muchas situaciones en las que el gobierno obradorista se ha quedado a medio camino sin llegar a la solución efectiva de las cuestiones. A continuación señalaremos dos de los conflictos políticos principales que afectaran fuertemente sin duda los acontecimientos de los días por venir.

Ayotzinapa sigue quemando

La desaparición de los 43 estudiantes normalistas de la escuela normal rural de Ayotzinapa en septiembre de 2014 sigue siendo el asunto candente heredado del anterior gobierno que continua quemando al gobierno obradorista. Como prometió desde el inicio de su gobierno estaba dispuesto a encontrar a los estudiantes cualquiera que fuera su situación, a saber lo sucedido efectivamente. Estableció una Comisión de la Verdad encabezada por el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encina cuya labor de tortuga parecía no terminaría nunca hasta que por fin hace tres meses presentó su informe. Las conclusiones fueron devastadoras.

Haciéndose eco de la ira popular calificó a la desaparición de los 43 como un crimen de Estado y ratificó lo que era considerado como vox populi desde siempre, a saber que el ejército había participado como cómplice y ejecutor directo de la desaparición de los muchachos. Inmediatamente se determinó el encarcelamiento de Jesús Murillo Karam, el ex procurador de justicia autor de la llamada “verdad histórica” y se señaló a veinte militares, entre ellos, un oficial, ya convertido en general, asesino directo de estudiantes. Parecía que, por fin, se llegaba a fondo, pero muy poco tiempo duró tal opinión pues la reacción de la jerarquía militar no se hizo esperar. Asistida por la mismísima Fiscalía General de la República, los militares detuvieron las órdenes de aprehensión de la mayoría de los militares y montaron una batería de abogados defensores para lograr la liberación de los cinco militares presos, incluido el general asesino.

AMLO debió dar marcha atrás. Son muchos ya los vínculos que lo unen al ejército, institución que ni en los peores tiempos del priato había estado tan acuerpado y apoyado por el mismo presidente de la República como durante estos cuatro años en que el propio AMLO se ha encargado de vestir con nuevos ropajes a una institución represiva tradicional a la cual no le ha escatimado elogios: ”el pueblo uniformado”, “un fiel servidor del gobierno civil”, siempre leal y dispuesto a defender a las instituciones, etc., etc. Ha sido tal la reconstrucción de una imagen atractiva del ejército que AMLO ha dicho que su participación en la masacre de Tlatelolco en 1968 no fue su responsabilidad sino totalmente responsabilidad del presidente Díaz Ordaz. Resultado, las verdades anunciadas tan espectacularmente del caso de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa se quedaron en el vacío. Para los familiares de los 43, columna vertebral de un movimiento de solidaridad amplísimo que existe en toda la República, el informe de la Comisión de la Verdad hecho público por Alejandro Encina ha quedado trunco, sometido a una campaña en su contra de los sectores más reaccionarios y con un gobierno paralizado. Se sigue sin saber dónde están los 43, que les sucedió y cuál va a ser el siguiente episodio ante la cruda y cínica oposición militar.

Fracturas en Morena

La otra fuente de un importante conflicto en el gobierno obradorista se localiza dentro de los propios límites de Morena. En los próximos días se está gestando una grieta en el seno de la misma Morena, su casi segura fractura. En efecto, Ricardo Monreal, jefe de la bancada morenista en el Senado no esconde su alejamiento de AMLO debido a que el autoritarismo crudo de éste lo mantiene sin cambios con respecto a la nominación del candidato o candidata presidencial de Morena, en la que sólo hay tres personas, que ha denominado despectivamente como ”mis corcholatas” por el hecho que él las destapara como las elegibles y son: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López. Los tres personajes son miembros del gabinete gubernamental y se mantienen leales y obedientes de las órdenes de AMLO, con algunas señales evidentes que su candidata preferida es la jefa de gobierno de la Ciudad de México. En una demostración palpable de la puesta en práctica de los anacrónicos métodos del priato, AMLO impondrá por supuesto en su propio partido su autoritarismo.

Monreal, quien no ha escondido nunca su decisión de participar como precandidato presidencial de Morena, al ver clausuradas sus posibilidades, sus ambiciones lo conducirán a una ruptura, para buscar en otros lados tal candidatura. No es menor lo que puede suceder en Morena ante la ruptura de uno de sus principales dirigentes en plena víspera de la nominación de su candidatura presidencial.

Las dificultades del obradorismo

Hace un año era muy difícil concebir un escenario para Morena como el que se presenta hoy día. Por cierto sigue prevaleciendo la realidad de su fuerza electoral decisiva. Sus victorias electorales futuras están prácticamente aseguradas. Pero a diferencia de hace un año en este transcurso han aparecido situaciones que empañan un camino ya no por completo liso, rectilíneo y sin problemas importantes para Morena. Las ventajas de hace un año son hoy menores y la tendencia que se anuncia con las manifestaciones de noviembre es que en la medida en que se acerquen las elecciones de 2024 Morena se enfrentará a más retos. Para las citas electorales de 2023 y ante todo de la de 2024, han aparecido factores que no estaban presentes en 2021.

Ya hemos mencionado las desgarraduras morenistas internas prácticamente inevitables. La lucha interna de los dos personajes con mayor posibilidad de ser los elegidos por AMLO, a saber, Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard ya es desde hoy sin cuartel y cada vez menos silenciosa. Ebrard reunió hace días a miles de sus simpatizantes que organizarán su campaña y Sheinbaum abandona la Ciudad de México cada fin de semana para hacer campaña en los estados. Adán Augusto López, el secretario de Gobernación igualmente no pierde oportunidades para hacerse propaganda, como lo hacen los otros dos precandidatos morenistas periféricos pero con muchas ambiciones que son Ricardo Monreal y Gerardo Noroña. En Morena misma está pues el horno bien caliente para el estallido de fricciones e incluso quiebres violentos en el obradorismo.

Del lado de la oposición, hasta hoy la muy prematura destapada carrera morenista por la sucesión, ante la ausencia de pre candidaturas opositoras, el terreno había sido el monopolio que beneficiaba solamente al oficialismo. Las manifestaciones de noviembre terminaron con esta situación. Morena hará todo lo que pueda por recuperar la Ciudad de México, lo que afecta directamente la posibilidad de la candidatura de Claudia Sheinbaum. Al nivel nacional, la oposición ha salido a las calles, en algunas ciudades más que en otras, pero ya es evidente la existencia de una oposición no sólo electoralista sino militante. Obviamente tendrá que expresarse políticamente en forma organizada. A este respecto los tres partidos opositores que han actuado hasta hoy no tienen muchas posibilidades. El PRI está sumamente desprestigiado y el PRD ya es irrisoria su dismiuidísima presencia. El PAN se defiende mejor, pero son los otros partidos, como el Movimiento Ciudadano quienes tienen más ventajas para atrapar a los sectores que se han movilizado. En todo caso, en los dos años que vienen hay muchas cuestiones actualmente imprevisibles cuyo impacto tendrá consecuencias en la transformación de las condiciones y las perspectivas del panorama político que hoy es imposible imaginar con precisión. Pero con seguridad habrá candidaturas presidencialistas opositoras.

La incertidumbre del momento

Tal y como se ha transformado decisivamente la escena internacional, también el panorama nacional ha sido marcado por la incertidumbre prevaleciente. Las condiciones de la aplastante victoria electoral de 2018 de AMLO rápidamente se agotaron ante el huracán de la pandemia del covid-19 aunado a la peor recesión económica en décadas de 2020. Apenas se iniciaba una difícil recuperación en 2021 cuando la invasión militar rusa al inicio de 2022 desató la guerra en Ucrania que pronto cumplirá su primer año y no se ve cerca su final, por tanto creciendo y acumulándose sus nefastas consecuencias mundiales. Los futuros súbitos y bruscos cambios que se anuncian para estos días serán los que determinen la estrategia a seguir.

La situación que heredará el obradorismo a su sucesor o sucesora será como la heredada por el gobierno de Peña Nieto, aunque agravada por el hecho que la violencia criminal no se abatió en el sexenio, al contrario se agravó con respecto a la habida durante el PRIAN. Y, claro está, un factor crucial que el obradorismo añadió a la crisis mexicana, con consecuencias de tal magnitud imprevisibles, es el empoderamiento sin igual que ha dado a la jerarquía militar cuyo material humano se ha más que duplicado con la integración al ejército de los casi cien mil miembros de la Guardia Nacional directamente a sus tropas.

Un balance parcial

Es en este panorama pleno de interrogantes que se desarrollarán los acontecimientos de los dos años finales del sexenio de AMLO. El balance de lo realizado ya puede adelantarse sin grandes riesgos. La Cuarta Transformación ha dejado mucho que desear. Sus grandes obras difícilmente serán terminadas en 2024. La refinería de Tabasco, cuyo costo se disparó varias veces con respecto al originalmente considerado, comenzará a funcionar plenamente hasta dentro de cuatro o cinco años. El tren Maya, la otra megaobra, con su paso destructor de la selva yucateca, tal vez logre terminarse antes, pero ello no está asegurado. Ningún otro proyecto se ha proyectado de tales proporciones. El nuevo aeropuerto internacional Felipe Ángeles ha sido hasta el día de hoy un proyecto sin una base realista y siguen aterrizando en él apenas el diez por ciento o menos de los aterrizajes del aeropuerto tradicional Benito Juárez de la Ciudad de México. Haciendo el balance final puede afirmarse que el gobierno obradorista, para gran satisfacción de la burguesía se ha caracterizado por su conservadurismo fiscal y por su austeridad franciscana, como la definió el propio AMLO.

Queda el asistencialismo que la presidencia de la República le ha permitido a AMLO potenciar para abarcar a varios millones de beneficiarios, su base social clientelar fundamental. Más de doce millones de jóvenes y personas de la tercera edad seguirán recibiendo poco menos de cien dólares mensuales. Pero este asistencialismo de ninguna manera ha disminuido los índices de la pobreza en general, los cuales están lejos de haber sido abatidos, siguen siendo muy altos, siendo sus números prácticamente los mismos de hace cinco a diez años. En cambio ha crecido el desempleo y de nuevo los mojados que cruzan hacia EUA son en su mayoría mexicanos. Como consecuencia las remesas de los trabajadores y trabajadoras mexicanas que laboran en EUA son cada vez más grandes y cuantiosas y México sigue conformando con China y la India el trio por excelencia de los países que reciben más recursos de parte de sus trabajadores emigrantes. Siendo este rubro uno de los recursos fundamentales de las finanzas públicas.

AMLO ha presidido un gobierno con un maquillaje muy diferente al de los del PRIAN, un discurso favorable a los más pobres que en gran medida es simplemente demagógico. Sustancialmente el país sigue funcionando bajo los paradigmas neoliberales, con un sistema fiscal por completo favorable a los grandes capitalistas que se ha mantenido intocado y con el acuerdo de su socio económico fundamental que es el país norteño. Los compadres capitalistas del gobierno obradorista son varios grupos inmobiliarios vinculados a los negocios del turismo en el litoral pacífico y el Caribe y con socios en los sectores de la burocracia ex priista tradicional (por ejemplo, Manuel Bartlett).

En política exterior no se ha distinguido especialmente. Ha mantenido la inercia de los patrones diplomáticos anteriores con algunos nuevos rasgos nacionalistas, por ejemplo su hispanofobia. Con respecto a la guerra de Ucrania aunque se ha declarado en la ONU contra la invasión rusa de Putin no ha dejado de enviar señales, ciertamente discretas pero inconfundibles de ciertos acuerdos con los rusos. Tampoco sin estar muy involucrado en la política latinoamericana, el gobierno de AMLO es afín a los gobiernos de Fernández en Argentina y de Castillo en Perú. No sorprende el apoyo fuerte que de inmediato le envió a Cristina Fernández con motivo de haber sido declararla culpable de actos fraudulentos durante su gobierno. Con Boric, el nuevo joven presidente chileno no ha tenido la misma empatía y ya veremos cómo se desarrollará su amistad con Lula en los próximos cruciales años que esperan a Brasil. Por lo demás está inercia en la diplomacia es un lastre con relación con ciertos gobiernos que hoy son impresentables como son las dictaduras de ”izquierda” en Venezuela y Nicaragua y la cercanía que ha mantenido con el gobierno postcastrista de La Habana que ya de revolucionario no tiene nada.

Una derrota importante

Escribíamos estas líneas finales cuando nos enteramos del resultado de la sesión de toda la noche 6-7 de diciembre en que en la Cámara de Diputados se rechazó como era de esperarse la propuesta obradorista de desmantelar por completo al INE y poner en pie un nuevo Instituto afín al gobierno. Como era de esperarse, decimos, ante la movilización extraordinaria del millón de personas que había desfilado diez días antes en todo el país exigiendo respeto al INE, en efecto sus principales postulados no se tocaron en dicha sesión legislativa: a saber, la elección indirecta de los consejeros por parte de todo los partidos, el mantenimiento del número de curules de las cámaras legislativas y la autonomía de sus finanzas, entre las conquistas más importantes. Por supuesto, inmediatamente que fue rechazada la reforma constitucional del INE, los diputados obradoristas pasaron a aprobar el Plan B que previsoramente ya había mandado AMLO para lograr algunos avances secundarios de sus objetivos. Plan B que fue aprobado por mayoría simple, el cual rasura aspectos importantes del INE, por ejemplo al desaparecer sus oficinas en cada uno de los estados de la República y tendrá cierta afectación en su funcionamiento, pues se reducen drásticamente sus recursos, pero haciendo el resumen final, no cabe duda que el resultado ha sido una importante victoria de la oposición, no sólo parlamentaria sino también la civil que salió a las calles diez días antes y cuyas consecuencias tendrán una gran importancia en los días por venir. Con esta votación se aprecia con evidencia que el proyecto restaurador de AMLO se ha topado a un muro.

La perspectiva la oposición anticapitalista

El tsunami electoral de 2018 que echó del gobierno nacional a los antiguos grupos dominantes representados por el PRIAN fue un hecho colosal cuyas interpretaciones siguen vigentes e inagotables. La interpretación obradorista más simple del propio AMLO se ha mostrado insuficiente, para decir lo menos. Los millones de mexicanos no quieren una vuelta al priato y la pobreza ideológica obradorista sólo ha ofrecido eso, un regreso a las glorias del nacionalismo revolucionario que ya fueron superadas y no volverán. En la era de la crisis de la globalización de la mundialización encabezada por EUA el futuro apunta hacia una globalización multipolar que si no logra estabilizarse, como lo vemos ante la guerra de Ucrania, estalla en conflictos bélicos como consecuencia de las fricciones y pugnas que de económicas se convierten en militares. En conflictos inter imperialistas, eso es lo que hoy presenciamos el espectacular surgimiento de nuevos imperialismos, el ruso y el chino.

El cambio de época se está dando tomando formas inéditas. El resurgimiento de las extremas derechas, los nuevos trajes de los fascistas, la profundidad de la crisis de la dirección de los trabajadores, la lentísima formación e integración de las franjas socialistas revolucionarias ante el fracaso colosal de los partidos socialdemócratas y estalinistas por igual.

En México el tsunami electoral de 2018 fue un colosal acontecimiento cuyos millones de protagonistas sabían y no sabían lo que querían y no querían. Querían liberarse el PRIAN, pero consideraban a Morena como la superación del PRIAN. Tenían una concepción del México que no querían pero no sabían cuál sería el nuevo México.

Además del propio AMLO, Morena ofrecía una batería de personajes que tenían la confianza de una gran mayoría de quienes se adherían a Morena, simpatizaban por ella y ciertamente más de 30 millones votaron por su triunfo. Pero Morena no era, nunca lo fue, no ha sido y seguramente nunca será una organización de trabajadores, de personas oprimidas y explotadas encabezadas por dirigentes cuyo objetivo sea conseguir un triunfo libertador y emancipador para sus seguidores morenistas. Morena no es, ni será una organización de trabajadores, de personas oprimidas y explotadas. Es y lo seguirá siendo, un conjunto burgués de organismos y equipos de grupos burgueses y pequeño burgueses participantes en la arena política burguesa, cuyos seguidores carecen todavía de la consciencia necesaria de clase que les permita comprender su rol social como entes oprimidos y explotados por el sistema capitalista.

AMLO es un profundo y hostil adversario del marxismo. En su discurso está por completo ausente la mínima mención a la explotación capitalista. La lucha de clases es un método que no tiene un lugar en su concepción política. Nunca se ha declarado socialista ni partidario del anticapitalismo. Pero la confusión y desorientación prevalecientes son de tal magnitud que dentro de Morena se encuentran numerosos antiguos izquierdistas apuntalando la versión ideológica obradorista de neto carácter paternalista, asistencialista e incolora. El Secretario Nacional de Educación Formación y Capacitación Política de Morena es el prestigiado marxólogo

Enrique Dussel, autor de varios documentados e interesantes libros sobre los más diversos temas de la teoría marxista. Pero Dussel en sus funciones de funcionario morenista ha dejado su marxismo en la biblioteca. Hoy en lugar de educar de acuerdo a los conceptos marxistas de lucha independiente, anticapitalista e internacionalista, Dussel convoca a unirse al devocionario popular de AMLO como un guía nacional, para ungirlo con un verdadero culto a la personalidad. (Proceso, 27.11.2022).

Los días por venir serán cruciales para la unión-alianza-frente político y electoral de los modestos pero numerosos grupos revolucionarios, anticapitalistas y socialistas existentes ya en México. Las condiciones madurarán para el surgimiento dentro de la oposición que irá creciendo al obradorismo de vertientes de izquierda que le quiten a los sectores de derecha la estafeta de la única oposición. En 2023 y ante todo en 2024 ese factor que ha estado ausente en la crisis mexicana hasta el momento, el factor de la oposición de izquierda se hará sentir y pesar. Nuestra tarea será en los próximos años forjar las condiciones para el surgimiento en México de la alternativa democrática, igualitaria, feminista, socialista e internacionalista con la cual garantizar las los futuros triunfos de la lucha del pueblo trabajador, oprimido y explotado de nuestro país.

Manuel Aguilar Mora, militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS), profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), En 1968 integró el Comité de lucha de Filosofía y Letras al lado de José Revueltas. Autor de numerosos libros sobre la historia política, económica y social de México.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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