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Raúl Zibechi: “La falta de autocrítica de la izquierda es parte del crecimiento de la derecha”

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raulzi copiaDavide Matrone

Conversé con Raúl Zibechi, escritor y pensador-activista uruguayo de larga trayectoria, dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina. Conversamos del nuevo contexto político del Uruguay y la región:

DM: El presidente de Uruguay, Luis Alberto Lacalle, después de 15 años de gobierno del Frente Amplio, gana las elecciones en el pasado noviembre. Durante la campaña electoral prometió la promulgación de la Ley Urgente de Consideración (LUC). El pasado 8 de julio, con 18 en 30 votos, ha sido aprobada por el Senado de Uruguay la LUC. ¿Cuáles serán sus efectos?

RZ: La LUC es una Ley que abarca muchos aspectos: lo económico, lo social, lo represivo y lo político. Este nuevo gobierno busca, a grandes rasgos, opacar o borrar los 15 años de gestión del Frente Amplio y el papel del Estado. Con la promulgación de la LUC hay un intento de privatizar parcialmente la economía, pero en base a lo que la legislación uruguaya permite.

Así mismo, existe la intensión de blindar a la policía desde el punto de vista represivo dándole más margen para actuar y limitando los espacios de denuncia por parte de la sociedad civil. Se intenta imponer los allanamientos a los domicilios en hora nocturnas, una medida claramente anticonstitucional.

En el terreno económico, el gobierno de Lacalle es empresarial, volcado a la empresa privada, intencionado a modificar el sistema de protección social que creó el Frente Amplio mediante el Ministerio de Desarrollo Social. Hay todo un proyecto de desmantelamiento del sistema social y se quiere dar al Opus Dei la asistencia de los pobres.

DM: Acerca de la derecha en Uruguay y en América Latina

RZ: Hay una novedad en el panorama político uruguayo y en la sociedad del país: el surgimiento de una nueva derecha. Se constituyó un nuevo partido militar en Uruguay, al estilo del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o de Vox en España, con una marcada presencia de militares. Este partido se llama Cabildo Abierto, que es una de las 4 grandes formaciones políticas del país. Es un partido totalmente nuevo que disputa la base social del Frente Amplio y en particular del Movimiento Participación Popular (MPP) de Mujica, sobre todo en las áreas periféricas de Montevideo.

Considero que este proyecto es más peligroso que el neoliberalismo, porque implica una extensión del poder militar en toda la sociedad. Algo similar, se da en Brasil bajo el gobierno de Bolsonaro. Estamos frente a una derecha de nuevo tipo que crea alianza con el sector policial, militar y evangélico. La iglesia evangélica también está teniendo poder en el gobierno de Lacalle, porque tiene una buena red territorial. La derecha de hoy día ya no es la de la espada, de la cruz y de la tierra. Es una derecha más militante, más militar y presente en los territorios. La presencia de este entramado policial, militar y evangélico es muy fuerte y pienso que el futuro esta alianza tiene chance de desarrollarse y potenciarse por una década más y luego colapsar.

DM: ¿Cuál es el estado de salud del Frente Amplio, hoy oposición, frente a este nuevo escenario?

RZ: El Frente Amplio en la primera vuelta electoral de octubre perdió 10% de los votos respeto a 5 años atrás cuando tenía el 49% de los consensos y una mayoría absoluta. Este pasó a tener un 39% de los votos y perdió 10 puntos de consenso. Hoy, registra un retroceso muy fuerte. Nunca logró explicar porque tuvo esta caída electoral y no ha hecho un balance de los últimos 15 años de gobierno.

DM: Acerca de las contradicciones de la izquierda latinoamericana y su falta de autocrítica

RZ: Pienso que, al Frente Amplio, le va a costar mucho hacer un balance de sus 15 años de gobierno, no tanto por reconocer sus errores que son indudables, sino para ver cuáles han sido los errores cometidos. Este proceso afecta a toda la izquierda de América Latina que, en su época de gobierno, continuó con el modelo extractivita que representa un tipo de sociedad donde el consumismo se dispara de una forma muy grande, y por eso una buena parte de la sociedad no tiene futuro como los jóvenes pobres de los sectores populares. Esta parte de la población es la que no tiene posibilidad de conseguir un trabajo digno y estable, ni tampoco la posibilidad de tener una educación de calidad.

El modelo extractivista – que potenció el Frente Amplio y toda la izquierda en la región – necesitó de políticas sociales para sostenerse, pero estas mismas políticas sociales (que no producen cambios estructurales) generan despolitización. Se trata de una entrega de recursos a las familias sin contrapartidas, de forma individualizada y mediante la vía de la cooptación. Los movimientos terminan desorganizados, más frágiles y débiles. Observando toda la región, los movimientos populares, indígenas, sindicales, territoriales, urbanos y rurales, se han debilitado enormemente en estos años por las políticas sociales que han encarado estos gobiernos. Este proceso es muy difícil discutirlo porque nadie está dispuesto a hacerlo y porque sería poner en cuestión las bases de la gobernabilidad de los gobiernos de izquierda. Esta falta de discusión y autocrítica es un problema muy grave y es parte del crecimiento también de la derecha.

Creo que el incremento de la derecha en Uruguay y en la región se da por una cuantidad de factores, pero entre otros es porque las clases medias, altas y parte de las clases populares toman conciencia de lo que no les gusta, de sus intereses particulares y avanzan sobre ellos. Pienso que una parte tiene que ver con el rechazo al feminismo y a los derechos de los colectivos GLBTI, el rechazo al ascenso de una camada de profesionales de clase media que se incrustan en las instituciones del desarrollo social que decide lo que le conviene sin consultar a la gente. Estas políticas han generado un rebote también en la población.

El subcomandante Moisés decía que el crecimiento del zapatismo se debe a la indignación de los indígenas – o de una parte de ellos – frente a una manera de hacer políticas sociales. Por ejemplo, la entrega de un dinerito por los alimentos es un insulto, una humillación para la gente que en cambio prefiere recibir la tierra para cultivar. Los partidos de izquierda nunca evaluaron que sus políticas pudieran generar rechazo, en vez de apoyo. Hoy en día la izquierda está muy desperdigada. En Brasil el PT (Partido de los Trabajadores) no hace nada, por ejemplo. Además, en algunos países latinoamericanos las manifestaciones en contra de los gobiernos neoliberales están encabezadas por las barras de fútbol y no por los partidos de izquierda, porque hay una desmoralización.

DM: El Frente Amplio presenta contradicciones internas. Las diferencias entre Mujica y Vásquez, por ejemplo. ¿Qué opinas?

RZ: Ambos son dos caudillos que no representan políticas distintas, sino sensibilidades distintas y eso hace que la despolitización crezca y no permite que la izquierda comience a recomponerse.

DM: ¿Hay síntomas de un cambio? ¿Cuáles son?

RZ: Pienso que esta situación está marcando un fin de aquella izquierda electoral, tradicional e institucional, y se están generando caminos distintos. El surgimiento de una izquierda en América Latina más ambientalista, más cuestionadora del modelo de desarrollo, más arraigada a los territorios. Como el caso de Boulos en Brasil candidato de los movimientos de los trabajadores sin techos del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) que en la ciudad de Sao Paulo tiene un 11% de consenso.

De todos modos, en Uruguay en las próximas elecciones municipales el Frente Amplio ganará sin lugar a duda y con buen margen. Se votará en los dos grandes municipios de Montevideo y Canelones, en donde viven casi 2 millones de personas y en estos lugares la izquierda por tradición gana sin ningún problema.

DM: Acerca del fin del progresismo latinoamericano

RZ: Este tipo de gobierno de izquierda está llegando a su fin, porque en la mayoría de los procesos (como Uruguay, Brasil, Chile e incluso Ecuador) ya no gobierna, y si volviera a hacerlo sería más conservadora de antes. Si Correa pudiera gobernar ahora, sería mucho más conservador que antes. Además, en donde permanece al gobierno – como Venezuela y Nicaragua – la situación ha mutado a otra cosa. En Bolivia hemos asistido a otro fenómeno con Evo Morales que no recibió la movilización masiva de su pueblo cuando estaba en riesgo de caer. La misma población que lo había respaldado en las guerras del agua y del gas 10 – 15 años antes, el año pasado no se movilizó. Si la población se hubiese movilizado con intensidad, Evo no hubiera caído.

Por ende, hay un problema de fondo que es estructural y me imagino que en el corto plazo esta situación no va a cambiar. Creo que estamos ante un fin de una izquierda que viene desde lejos, es decir desde los años ’70. Inclusive diría que estamos en una situación en la cual las organizaciones sociales tradicionales, incluso la CONAIE, tienen un futuro muy complicado sino se reinventan. En América Latina solo dos grandes y viejos movimientos sociales se han reinventado: los Sin Tierra en Brasil y el Zapatismo en México. Los demás siguen con sus estructuras burocráticas y están en un callejón sin salida.

REVISTA CRISIS