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Paula Narváez: “La unidad de la oposición requiere de generosidad y dejar intereses propios de lado”

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La carta presidencial socialista propone un plan de reconstrucción para enfrentar la crisis de la pandemia y llama a su sector a estar a la altura de ese desafío.

Los números no la acompañan, pero la candidata presidencial del Partido Socialista de Chile, Paula Narváez, asegura que su opción es competitiva. Afirma que el rol aglutinador del socialismo democrático y la construcción de una unidad en pos de un plan pospandemia -que detalla en esta entrevista- son las claves para enfrentar la presidencial de la centroizquierda. Con ese objetivo, llama a buscar máximos comunes, a la generosidad de todos los sectores y a dejar de lado intereses particulares. Además, tras semanas complejas en su relación con la directiva liderada por Álvaro Elizalde, la exvocera de gobierno da por superados los “ripios”.

Esta semana, la oposición hizo el esfuerzo más significativo que se ha visto hasta ahora para avanzar en función de la unidad. ¿Cuáles son para Paula Narváez los mínimos comunes de entendimiento?

Para mí son máximos comunes. La tarea y misión que tenemos como país es de una envergadura significativa y tiene que ver con la pospandemia. Lo más importante es una unidad que permita poner a todas las fuerzas del centro y de la izquierda tras un objetivo común, que es la reconstrucción del país al estilo casi posguerra. Y para mí, el máximo común es un plan de reconstrucción que yo he llamado plan de reconstrucción sustentable y solidario. Hay otros, por supuesto. El tema de pensiones es otro y, asimismo, el abordaje de las violaciones a los DD.HH. ocurridas en democracia y que requieren de una acción decidida de parte del Estado para avanzar en verdad, justicia, reparación y el compromiso de no repetición.

¿Cuál es el diagnóstico que tiene sobre la división que enfrenta la oposición? Porque si no han llegado a mínimos, lograr máximos comunes se ve complejo…

Primero, hay que reconocer que hay fragmentación. Pero la crisis producida por la pandemia, pero también por las lecciones del estallido social, requiere que todos tengamos el criterio de realidad para dimensionarla y que eso lleve a las fuerzas políticas del centro y la izquierda a disminuir esta fragmentación.

¿Se atreve a calificarla? Algunos dicen que es muy profunda, otros dicen que en realidad no lo es tanto.

Lo importante es que es superable, pero requiere de política, requiere de diálogo, de sinceramientos, de generosidad y también de humildad, la que no se ve en muchos.

Carolina Tohá planteaba que la situación de la oposición más que un problema de voluntad política tiene que ver con una disputa hegemónica. ¿Lo comparte?

Mi visión es más pragmática. Y es superar el análisis desde la lógica del poder y hacer un llamado a que se pondere el tamaño de la tarea, porque la política finalmente se juega en la medida en que es funcional a mejorar la calidad de vida de las personas. Pero en el contexto del Chile de hoy, continuar por esa vía es perder la oportunidad absoluta de jugar el rol que a la política le corresponde jugar y que a la centroizquierda le corresponde jugar, porque de lo que estoy segura es que un nuevo gobierno de derecha es nefasto para Chile.

Eso supone que si hablamos de una centroizquierda desde la DC hasta el PC, van a tener que dejar de lado ciertas cosas, resignarse a que ciertas reformas no prosperarán.

Por eso es importante la discusión previa de lo que compartimos. Se trata, por cierto, de un gesto de generosidad de que si hay otros intereses sobre la mesa, en términos de hegemonía de ciertos sectores, se puedan dejar de lado.

¿A quiénes ve hoy actuando en base a esos intereses? Hay quienes han planteado que el PC y la DC están en eso.

Eso hay que preguntárselo a ellos. Desde mi punto de vista, calificar desde fuera cuáles puedan ser sus intenciones no contribuye a lo que yo misma estoy tratando de construir, que es un diálogo con todos ellos.

¿Pero cuánto hay de voluntarismo en eso, si finalmente priman otros intereses?

En cuanto sea funcional a lo que el país demanda… Todo lo que tenemos que hacer tiene que estar en función de esta situación de emergencia en la que está Chile.

En la reunión de los presidenciables se reconoció que era voluntarista pensar en un entendimiento en materia presidencial. Se proponía, en cambio, un acuerdo para segunda vuelta. ¿Cómo lo ve?

Todas esas alternativas hoy están abiertas. Lo que hemos hecho ha sido dar un primer paso. Es un paso importante, pero es solo el primero. Queda un camino largo por recorrer para ir confluyendo hacia una unidad lo más cohesionada posible. Si eso no fuese así, y los escenarios que pudiesen darse tienen más que ver con llevar más de un proyecto político a la primera vuelta, lo que podemos construir, que no es poco, es el compromiso del apoyo para la segunda vuelta. Me parece que apoyar a quien pase a la segunda vuelta es casi un deber democrático.

El PC votó en contra del acuerdo del 15 de noviembre, se le enrostra haber validado la violencia como método de acción política. Ni siquiera tomando en cuenta posturas distintas con respecto a las AFP o política exterior, ¿es posible un entendimiento sin estar de acuerdo en temas como estos?

Por eso la conversación es política, por eso es tan importante sentarse a la mesa. Las salidas institucionales al estilo de lo que fue el acuerdo del 15 de noviembre es algo que valoramos y que tiene la más alta importancia en el marco de una institucionalidad democrática. Hay que ver con perspectiva cómo el PC frente al proceso constituyente se ha ido incorporando y a eso también hay que darle un valor político. En relación al tema de las políticas públicas, por ejemplo respecto del sistema de seguridad social, tendremos que tener más conversaciones dedicadas a eso. Ahí es importante retomar muchos de los acuerdos, que en el segundo gobierno de la Presidenta Bachelet logramos también con el PC. Ahí hay un reservorio de experiencia política y técnica que podemos poner al servicio del futuro.

¿Supone la unidad la izquierdización de la oposición?

La unidad tiene que ver con la lectura del país de hoy, más que con una experiencia pasada de fuerzas y contrafuerzas políticas. Tenemos que mirar el país con lentes actuales y futuros, y esos lentes actuales nos demuestran que hay una agenda de país puesta por el estallido social, que es la que realmente marca la pauta de lo que tienen que ser las propuestas de la centroizquierda. El giro es muy grande y los actores políticos más tradicionales que han estado en la política desde la transición democrática hasta ahora tienden a mirar esto con los lentes de los años 90 y a no a darse cuenta de que la correlación de fuerzas cambió. Ya no es la lógica de izquierda o derecha, cambió desde el punto de vista de lo que la ciudadanía le exige a la política y ahí es donde tiene que estar la capacidad nuestra, de los actores políticos, de poder traducir eso en una propuesta, por supuesto, con gobernabilidad, con estabilidad y con responsabilidad.

¿Cuál es la mayor piedra de tope para la unidad?

Para no nombrar un actor en específico, sí me parece importante la lectura de lo que fueron los 30 años de gobiernos democráticos. Ahí hay un elemento de diferencia, de distancias, de énfasis que hay que seguir elaborando sin quedarse pegados en eso. Lo he dicho, hay que mirarlo con honestidad, hay que mirarlo con toda la crudeza que significa, pero también con ponderación para avanzar. No hay tiempo para quedarse pegados en ese diagnóstico.

Hay sectores que se benefician de esa crítica permanente a los 30 años y eso perjudica, por ejemplo, opciones como la suya.

LA TERCERA