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Las mujeres también pueden pensar y diseñar la ciudad, por Carolina Rojas

Mujeres

Carolina Rojas
Geógrafa, profesora e investigadora del Centro de Desarollo Urbano Sustentable (CEDEUS)
Artículo publicado en Chile Científico

 

Una ciudad es más sustentable si podemos desplazarnos la mayor parte de tiempo caminando, sin embargo, ¿cómo lo conseguimos cuando no están dadas las condiciones para movernos seguras?

Según datos de la primera encuesta del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) en Chile, las mujeres comienzan a ser acosadas a los 14 años, principalmente en el transporte y en la vía pública. Esta es una de las razones por las cual, si se cuenta con los recursos, optamos por conducir.

Las recientes Encuestas de Origen Destino (EOD) demuestran que las mujeres están aumentando la tenencia de licencia de conducir, aunque la caminata persista en ciudades como La Serena (34% de los viajes ) y Santiago (35% de los viajes), están caminando menos en ciudades sureñas como Concepción (24% de los viajes) y Valdivia (23% de los viajes), dónde hay menos luz de día y los días son más lluviosos. Y aunque reconocemos que saber manejar nos da más independencia en nuestros desplazamientos, y en países como Arabia Saudita es un derecho reciente, una ciudad sustentable requiere que manejemos solo lo indispensable.

Existe un diagnóstico claro desde los estudios con enfoque de género de que la planificación de las ciudades está hecha para un sujeto en particular y con determinadas características: Adulto joven, masculino, sin dificultades físicas que puede cruzar fácilmente torniquetes, caminar por veredas en mal estado y  subir sin problema a buses con peldaños altos. En general camina solo y no va en compañía de infantes que deba cuidar (trasladar), tampoco lleva bolsas de compra y se desempeña en un trabajo fuera de casa.

Al planificar en función de esta categoría “estándar”, no solo quedan fuera otros adultos, principalmente las mujeres con sus múltiples propósitos de desplazamientos, muchos de ellos ligados a la economía del cuidado, sino también niños y niñas, y sobre todo adultos mayores, que ya poco se ven por las calles de la ciudad.

En los modos de transporte, y en la movilidad por la ciudad, se evidencian estas brechas y disparidades, sobre todo en ciudades cada vez más extensas y densas, y en las que se vuelve más fácil desplazarse en automóvil que caminar.

En este contexto, no es de extrañar, y a la vez sorprende, que el sistema de transporte público más famoso de los últimos años en Latinoamérica sea el Transmilenio de Bogotá (Colombia). El mismo que probablemente sea el más exitoso en términos de ingeniería, diseño y demanda de viajes, y cuyos planificadores se han convertido en íconos de la sustentabilidad, pero que sin embargo, es percibido por la encuesta de Thomson Reuters Foundation como el sistema más peligroso para las mujeres en el mundo.

Hay cosas que los planificadores no ven, pero las planificadoras sí. Las mujeres percibimos y vivimos de manera distinta el espacio público, las veredas, la iluminación en las plazas, los escalones de las micros, la velocidad en los trayectos, los atochamientos y la limpieza del transporte público, entre otros. Es por esto que se necesita de nuestra mirada para construir ciudades inclusivas y sustentables para todos y todas.

Si consideramos tres carreras vinculadas a la planificación urbana en Chile, como lo son geografía, arquitectura e ingeniería, observamos que geografía es la carrera de las ciencias sociales con mayor proporción de varones, con un 61% de su matrícula; mientras que las ingenierías tienen un 75% de matrícula masculina y arquitectura logra la paridad con un 50%.

Si gran parte de las soluciones para las ciudades son y serán diseñadas mediante la interacción profesional entre geografía, arquitectura y urbanismo, entre otras disciplinas, es necesario que incentivemos y formemos a las nuevas generaciones de mujeres en estas áreas.

A lo largo de la historia hemos convivido con frases como “las matemáticas son para los niños” o “la ingeniería es un mundo de hombres”, frases que no hacen más que fomentar estereotipos y reproducir roles tradicionales en la educación, los que han afectado, y continúan afectando, nuestras posibilidades educativas y profesionales.

En Chile existen carreras “masculinizadas” y otras “feminizadas”. De acuerdo al Diagnóstico Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación en Chile, realizado por CONICYT en 2017, las mujeres tenemos una mayor presencia en ciencias sociales, educación y salud, donde lidera obstetricia con 93% de matrícula femenina. Todas ellas carreras muy ligadas a la formación y al cuidado, mientras que en ciencias básicas aún hay predominio masculino. Lo que se evidencia en la subrepresentación que tenemos en posiciones de dirección y en la ciencia.

Y esto, ¿qué tiene que ver con las ciudades y su planificación? Hoy más que nunca no podemos seguir fomentando estereotipos y carreras para unas y otros. La ciudad también requiere la mirada profesional de las mujeres.

Las académicas que tenemos el privilegio de investigar y formar a las nuevas generaciones, inspiradas quizás por Jane Jacobs, la principal urbanista y activista por la ciudad del siglo XX, autora de la muerte y vida de las ciudades americanas, debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad, promoviendo la participación de las mujeres en todas las carreras y en ambientes profesionales generosos y colaborativos. Así contribuiremos a disminuir la brecha de género en las disciplinas urbanas y empujaremos transformaciones en pos de ciudades para todos… y todas.

Referencias:

Encuesta de Acoso Callejero – https://www.ocac.cl/1era-encuesta-de-acoso-callejero/

Most dangerous transport for women – http://news.trust.org//spotlight/most-dangerous-transport-systems-for-women/?source=dpagerelspot